Como pueden apreciar en la afoto adjunta, esta cubana afincada en USA luce un dorsal donde se puede leer "1980 Boston Marathon", sobre una preciosa camiseta (nada que ver con las ridículas prendas "técnicas" actuales). Pues bien, Rosie ganó esta carrera con una marca alucinante (2 horas 31 minutos, el tercer mejor tiempo de una mujer en la historia del maratón), sacándole 4 minutos a la segunda clasificada y entrando en la historia del atletismo popular bajo palio.
Poco duró la alegría. 24 horas después, la racial corredora era desposeída del título de ganadora de la carrera y acusada de haber conseguido el triunfo fraudulentamente.
Nadie la vio durante la carrera. No aparecía en ningún video de los que se rodaron durante el recorrido. Llegó menos sudada que Trybeca cuando se desplaza a la FNAC, a por un cd de los Tigres del Norte, desde su duplex en Gran Vía. Es cubana, no de Missouri, les recuerdo. En el anterior maratón en el que participó, tardó 25 minutos más en llegar a meta. Algunos testigos aseguran haberla visto saltar del público a la carrera en la última milla. Una fotógrafa juró haberla visto en el metro, estirando, mientras transcurría la carrera??!! Un monje birmano afirmó visionarla manifestándose a grito pelado en pleno downtown en una manifa contra el boicot de Carter a los Juegos de Moscú, a la hora en que transcurría la carrera...
A fecha de hoy, sigue siendo un misterio lo que realmente ocurrió. Rosie sigue jurando y perjurando que ganó la maratón en buena lid y que "Ni un paso atrás, ni pa tomar impulso!!". Se le ha ofrecido una suma nada despreciable, a cambio de contar en un libro el pufazo maratoniano por antonomasia. También el utilizar su nombre para bautizar una bizarra línea de ropa deportiva (bueno, vale, ésto último es una licencia mía revenida, pero queda fetén en el post..).
Ni por esas. Rosie sigue en sus trece, y reitera lo que contestó a un periodista que la inquirió sobre tamaño derroche de velocidad y resistencia from Havana: "Esta mañana me levanté con mucha energía".
En fin, qué historia, amigas. El bueno de Bart tomó buena nota de ella en uno de los episodios simpsonianos más descacharrantes, en el que salta a la carrera en la fase final del maratón de Springfield, ganándolo a-la-Rosie.