Bueno, gañancines, unas merecidas y deseadas vacaciones en el país más hermoso del mundo me separan de Vds. durante unas semanas. Si desean una postal, al privado.
Les dejo en buena compañía. Jordi y su preclaro punto de vista (como no podía ser de otro modo, tratándose de él) sobre el mal de nuestros días, que tanto dolor nos sigue causando y tantas familias destroza, en ese insufrible goteo de enfisemas asesinos y laringectomías grimosas.
El joío fumeque visto desde la serena perspectiva de un no fumador. A mí me ha gustado especialmente lo de "canceroso aliento", por recordarme al de una viejuna sureña que....
Nos vemos en La Carrera de la Ciencia (21 de Octubre). No olviden mineralizarse y runnerizarse.
"Durante varios siglos, los fumadores se han comportado como unos fascistas, esparciendo su canceroso aliento por cualquier rincón.
Todavía hoy en día, se muestran irrespetuosos con la libertad de quienes no comparten su vicio. Estoy harto de acudir a cenas y observar como ni siquiera te piden permiso para encender un cigarro. Luego, te van echando el humo y uno, que es tolerante, lo soporta.
En todos los años que he trabajado en estudios de animación o talleres, tanto dibujantes como obreros no sólo atentaban contra mi salud sin molestarse en preguntar si me molestaba su maloliente humareda; encima, perdían tiempo con las incisivas caladas, preparando otro cigarrillo o tomándose minutos para "degustar" su adicción mientras yo no paraba ni un segundo de trabajar.
O sea, curraban menos horas que yo. Me importa un comino si pillan cáncer, porque los fumadores saben perfectamente del riesgo que corren. Lo que me irrita es su actitud intolerante y el peligro de poder afectar a mi salud. La gente empieza a fumar por falta de personalidad (alienación social), porque borra la apariencia de seguridad (otorgando la de prepotencia en muchos casos) y puede ayudar a "pensar".
Como heterosexual, me asquea esa típica pose chulesca de la mujer fumadora ocultando sus inseguridades. Durante mi etapa de ligues ocasionales o de salir con una mujer una temporada, pocas han sido las que han carecido de esta afición. Por consideración hacia ellas, nunca me he quejado de besar sus asquerosas bocas con sabor a nicotina , sus manos siempre sucias de tabaco u olor al azufre de cerillas. Una vez despertaba mi apetito sexual, me olvidaba de esas "manías"...
Pero ya basta, ya no las soporto más. Admiro a la gente rebelde, es decir, en este caso, a quienes tienen personalidad y renuncian a convencionalismos como el de fumar.
La enorme mayoría de los fumadores colaboran a mantener sucias las calles en el instante en que, con su típico ademán desdeñoso, arrojan sus colillas al suelo, acentuando su falta de consideración hacia el entorno. Peor aún si hablamos de un contexto no urbano, en plena naturaleza...
Aún así, no soy partidario de prohibir fumar, sino de tratar que los fumadores tomaran conciencia de lo mezquino que es no valorar la libertad ajena. Hasta en la parada del autobús, me llega el humo de una fumadora (ellas, más inseguras, superan a los hombres en este vicio) o fumador. Y ya no digamos en bares o discotecas. Así las cosas,¿qué tengo qué hacer, quedarme en casa?
Jordi Guasch, un No Fumador Avant la Route (66)
