Es un hermoso país, sí, y pese a que ya nadie recuerda a prohombres como Monsieur Moreno y al asfixiante tráfico que disfrutan esos nuevos europeos (que en cualquier otro lugar del mundo agriaría el carácter), los turcos saben disfrutar de la vida y son personas acogedoras, cálidas y con un sentido del humor muy especial. Y qué mujeres y qué bigotes, válgame la Anatolia.
Y qué manera de beber y de fumar, queridos. Qué manera. Uno, que se creía curtido en estas lides, no pudo por menos que observar atónito como su propia mano derecha se deslizaba, temblorosa, hacia un tentador cigarrillo turco ofrecido por la estilizada mano de una odalisca (sí, quedan, sí), tras horas de trasegar Kulup Raki y degustar el inevitable plato de Cangrejo de los Torrentes autóctono y el Jello Ecstatisuyu Chimobayianuru (una confitura transparente que se come con las manos y en pequeñas cantidades), y que produce ardor de estómago y un tartamudeo incomprensible.
Uno practicó algo de ese bello y antiquísimo idioma. P.e.: Seni Seviyorum significa Te Amo. Y Quién (o Qué) Se Cree Vd. que Soy Yo?? se convierte en Ne Yapiyoursun, Ganhanoru Erkek??
Se los juro por mis alveolos.
Para rematar la faena, perdón, quería decir completar el cuadro, ese mantra drónico Sufi Drum and Bass Jander que tanto pega entre la desenfadada muchachada turca y que tuve la fortuna de poder disfrutar en uno de los locales más in-and-out-get-me-outta-here-dude de la capital. Una mezcla de baño turco, taller mecánico bizarro y gimnasio de polígano industrial que de nuevo me hundió en las abisales simas del "Otro cigarrito no tendrá por ahí...?!". Intenté (sin éxito) que el pinchadiscos programara alguna tonada roots , pero afirmó no saber de qué le estaba hablando. Lógico.
Sí, amigos, está claro que para no tocar un truja ni en sueños es preciso beber agua mineral y comer ensaladas. Y no viajar tanto. Y cambiarse de gimnasio. Y decir sí a la Vida (así, con mayúsculas). Y visitar más el blos de Extrujado, que se pasa el día llorando porque volvió a fumar y el psoe no le sufraga una segunda intentona. Y, por qué no, ir más al teatro (Ubu Rey o algo de Ionesco puede servir para los muy enganchados al cigarrillo), aunque sea en el día del espectador.
Pero en ello estamos, rapaces, unos trujas sueltos no hacen daño a nadie y menos a un convencido ex fumador. El triunfo de la voluntad, que decían Leni y su mentor. O parecido.
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5.14.2007
Turkish Blend (or Kinda)
Es un hermoso país, sí, y pese a que ya nadie recuerda a prohombres como Monsieur Moreno y al asfixiante tráfico que disfrutan esos nuevos europeos (que en cualquier otro lugar del mundo agriaría el carácter), los turcos saben disfrutar de la vida y son personas acogedoras, cálidas y con un sentido del humor muy especial. Y qué mujeres y qué bigotes, válgame la Anatolia.
Y qué manera de beber y de fumar, queridos. Qué manera. Uno, que se creía curtido en estas lides, no pudo por menos que observar atónito como su propia mano derecha se deslizaba, temblorosa, hacia un tentador cigarrillo turco ofrecido por la estilizada mano de una odalisca (sí, quedan, sí), tras horas de trasegar Kulup Raki y degustar el inevitable plato de Cangrejo de los Torrentes autóctono y el Jello Ecstatisuyu Chimobayianuru (una confitura transparente que se come con las manos y en pequeñas cantidades), y que produce ardor de estómago y un tartamudeo incomprensible.
Uno practicó algo de ese bello y antiquísimo idioma. P.e.: Seni Seviyorum significa Te Amo. Y Quién (o Qué) Se Cree Vd. que Soy Yo?? se convierte en Ne Yapiyoursun, Ganhanoru Erkek??
Se los juro por mis alveolos.
Para rematar la faena, perdón, quería decir completar el cuadro, ese mantra drónico Sufi Drum and Bass Jander que tanto pega entre la desenfadada muchachada turca y que tuve la fortuna de poder disfrutar en uno de los locales más in-and-out-get-me-outta-here-dude de la capital. Una mezcla de baño turco, taller mecánico bizarro y gimnasio de polígano industrial que de nuevo me hundió en las abisales simas del "Otro cigarrito no tendrá por ahí...?!". Intenté (sin éxito) que el pinchadiscos programara alguna tonada roots , pero afirmó no saber de qué le estaba hablando. Lógico.
Sí, amigos, está claro que para no tocar un truja ni en sueños es preciso beber agua mineral y comer ensaladas. Y no viajar tanto. Y cambiarse de gimnasio. Y decir sí a la Vida (así, con mayúsculas). Y visitar más el blos de Extrujado, que se pasa el día llorando porque volvió a fumar y el psoe no le sufraga una segunda intentona. Y, por qué no, ir más al teatro (Ubu Rey o algo de Ionesco puede servir para los muy enganchados al cigarrillo), aunque sea en el día del espectador.
Pero en ello estamos, rapaces, unos trujas sueltos no hacen daño a nadie y menos a un convencido ex fumador. El triunfo de la voluntad, que decían Leni y su mentor. O parecido.
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