1.16.2008

Sweet Kathy O'Mine

Ya sé que poca corredora pulula por aquí (otro gallo cantaría si Chez Gitane saludara desde Brooklyn o Frisco, qué pena), pero hoy les acerco la extraordinaria figura de una precursora a esas Correoras y Espirulinas que hollan nuestras calles y veredas con su firme y femenina zancada. De La Precursora, realmente: Katherine Switzer.
Porque hubo un tiempo, sedentarios oficinistas, en el que a las mujeres no se las permitía participar en competiciones oficiales. La maratón les estaba vedada. Curioso, verdad? Parece ser que se la consideraba una prueba demasiado dura para tan delicados pies, más apropiados quizá para la danza, la pedicura y el masaje juguetón de las prominentes barrigas (o calvas, que también) de sus consortes.
Antes que nuestra Kathy, otras valerosas señoritas habían intentado dejar constancia de su coraje y casi se salen con la suya: en 1964, Roberta Gibb (sin relación con los hermanitos de Stayin' Alive) saltó a la maratón de Boston desde un seto y adelantó a casi 300 gañanes (de 490 inscritos), terminando la prueba en un estupendísimo tiempo: 3 horas y 21 minutos. El organizador (un cetrino varón bostoniano) hubo de admitir, muy a su pesar, la evidencia: una mujer no corrió la maratón pero "usó la misma ruta que los hombres", sobrepasando a centenares de ellos.
Pero volvamos a Kathy. Esta avispada damisela se inscribió (seguimos en la maratón de Boston y en el 67, despistaos) como K.V. Switzer y le dieron un dorsal, convencidos de que se trataba de un maromo. Cuando el organizador de la maratón avistó al pedazo de bollón, melena al viento y corriendo que se las pelaba, avisó a su mano derecha, un tal Jock Semple, más rápido que él, y ambos salieron tras la zagala, consiguiendo interceptarla e intentando sacarla de la carrera.
Pero hete aquí que Kathy corría junto a un buen amigo y, a la sazón, lanzador de martillo, que se lió a bofetás con los dos mongoloides prohibicionistas, permitiendo que Kathy apretara el paso y consumara los 42 kilómetros en unas inalcanzables (para el que subscribe) 4 horas y 20 minutos.

Las afotos de lo ocurrido dieron la vuelta al mundo. Los organizadores de maratones se empezaron a plantear lo oportuno de permitir que las mujeres "eligieran con libertad" si destrozarse el físico con tanto kilómetro o hacer calceta en su casa y para 1972, una orgullosa Kathy pudo lucir ufana su "dorsal oficial" en la maratón de Boston. El meapilas de Semple, para limar asperezas, la obsequió con un beso que les reconcilió, al menos de cara a la galería. Qué tipejo, se lo podía haber dado en 1966, a lo Judas.

Nenas, abandonen el tercio de Mahou, los dvds-coñazo del Rohmer ese y divorciénse si procediera, que esa faja y esa lorza sean historia, agarren las zapas y a trotar. Se lo deben a Kathy.

6 comentarios:

tribeca dijo...

Usté, como siempre, tocando la moral -y las pelotas- . Yo sólo corro para huir, el tercio lo tengo añadido como apéndice a mi mano y de Rohmer, hace años que me quité. Pero siga intentándolo, siga... algún día, quizás...

capitanverga dijo...

vengan a correr, venga, yo las espero.

ELMOREA dijo...

Conste que el correr, da sed, no pierdan el tercio de vista mucho rato, no vayan a necesitarlo despues, feminas correoras.

Esther dijo...

seguiría su consejo gustosa,si no fuera porque mi hemiplijía izquierda me lo impide

Ana dijo...

Jo, conocía la historia y tal, pero nunca había visto una foto. Hela ahí, con sus coletas. Lo de Roberta no lo conocía. Les debemos mucho, sí.

MK dijo...

Ay señor , como me lo estas poniendo...quitarme la lorza dices..! y de paso rematas con lo de hacer justicia a las pioneras...
Pero , lo de divorciarme de las cañas y de las pelis de Rhomer , a no ...eso si que no.
y que puntazo tener un amigo lanzador de martillo , oiga...